La problemática relacionada con la ciberseguridad ha pasado en muy poco tiempo de ser algo que el ciudadano medio sentía como muy remoto a una realidad plenamente asentada en nuestro día a día, tanto para los individuos como para las empresas grandes y pequeñas. Pero, mirándolo en un sentido global, ¿tan mal estamos?
La Unión Internacional de Telecomunicaciones de las Naciones Unidas ha publicado la quinta edición de un informe en el que evalúa la situación de la ciberseguridad en el mundo, principalmente analizando las medidas adoptadas por diferentes organismos y gobiernos. Cuantifica este análisis en el llamado índice global de ciberseguridad o CGI por sus siglas en inglés.
En titulares: la situación general ha mejorado mucho desde el último informe de 2021 (la puntuación sube un 27 % hasta los 65.7 puntos sobre 100). Un importante número de países, sobre todo europeos, se encuentran en fases avanzadas del establecimiento de estructuras de ciberprotección. Sin embargo, en muchos casos existe lo que llaman una “brecha de cibercapacidad”.

La brecha de cibercapacidad nos afecta a todos
Este concepto se explica como la diferencia entre la necesidad de protección y las deficiencias en recursos (profesionales especializados, acceso a equipamiento, financiación económica) para conseguirlo. Esta es una situación crítica que encontramos, según el informe, en buena parte de los países africanos y de América Latina.
En cuanto a los distintos aspectos que contribuyen al Índice Global de Ciberseguridad, el mayor desarrollo se advierte en las regulaciones legales, mientras que las medidas técnicas son las más deficientes. También se detectan áreas de mejora en las medidas organizacionales en especial en los países en desarrollo. Y llama la atención que, a pesar de los acuerdos de cooperación en la materia, su eficacia es muy limitada.
Por la parte que nos toca (o sea, hablando de la situación de España), la UIT la valora positivamente y coloca a nuestro país en el primer grupo, el de los países con mecanismos de protección bien desarrollados e implantados; aun así, queda margen para mejorar en términos colectivos en el desarrollo de capacidades defensivas.
El informe concluye con la idea fuerte de que el cibercrimen se percibe como el quinto puesto entre los riesgos que pueden producir una crisis económica global. Y plantea algunas recomendaciones de buenas prácticas para que los gobiernos e instituciones mejoren sus niveles de ciberseguridad. A nivel de empresa, también es fundamental trabajar en este sentido.
