Continuamos con nuestra serie sobre las distintas fases que debería incluir cualquier auditoría de ciberseguridad para pymes digna de tal nombre. En entregas anteriores (aquí tienes la previa) hemos abordamos desde la detección de vulnerabilidades hasta el análisis del puesto de trabajo, pasando por las configuraciones y políticas de infraestructura.
En este cuarto episodio nos centramos en un aspecto crucial en cualquier consultoría en ciberseguridad: los procedimientos de respaldo y recuperación. Tener copias de seguridad no es suficiente si no se acompañan de un plan eficaz para restaurar operaciones en caso de desastre. Te contamos por qué.
¿Qué son el respaldo y la recuperación y por qué son relevantes?
Imagina, por ejemplo, una gestoría con diez empleados. Un día, un ransomware bloquea el acceso a sus archivos. Clientes, documentos fiscales, datos contables, ¡todo inaccesible! ¿Y ahora qué? Sin un plan de respaldo y recuperación, dalo por perdido; el negocio se detiene, y las pérdidas económicas y de reputación son inevitables.
El respaldo (que suele conocerse como backup) consiste en duplicar y almacenar la información crítica de forma periódica y segura. Es algo más sofisticado que guardar archivos en un disco externo: hay que asegurar que sean copias recientes, completas y protegidas ante accesos no autorizados. Entra en juego la recuperación (el famoso recovery).
¿Cómo se restauran esos datos? Recuperar no significa solo “copiar y pegar”, también garantizar que los sistemas vuelvan a operar como antes del incidente. El tiempo es clave: cuanto más rápido se restablece el servicio, menos impacto tiene el incidente. Para ello, se deben establecer protocolos claros y pruebas periódicas de recuperación.

Un paso clave para una ciberdefensa efectiva
Ya estás viendo que estamos ante un momento verdaderamente clave en la ciberprotección de empresas… De vuelta a la gestoría, y ya definidos los datos sensibles o críticos (datos personales de clientes, correos electrónicos, facturación…), creamos un protocolo de backups; en este caso diarios y automáticos, con almacenamiento tanto local como en la nube.
Después se diseña un también imprescindible plan de recuperación ante desastres (o DRP por sus siglas en inglés). Este documento establece qué hacer, quién lo hace y en cuánto tiempo debe hacerse. La gestoría, por ejemplo, podría establecer un RTO (recovery time objective) de 8 horas tras un ataque, con accesos alternativos y copias verificadas.
Toda esta tarea no estaría completa si no se prueban los procedimientos. Una simulación cada cierto tiempo permite detectar errores, afinar procesos y asegurar que el personal sabe cómo actuar. En nuestra gestoría, esto implica un “simulacro” trimestral para restaurar una copia completa del sistema en un entorno controlado y comprobar su funcionamiento.
¿Tu pyme está preparada para el peor escenario posible?
Una auditoría de ciberseguridad con un protocolo de backup and recovery eficiente puede marcar la diferencia entre seguir en el negocio tras un golpe… o desaparecer.
